18 de septiembre de 2011

¡Que maravilla!

Desde Agosto Mi Churrumbel (Mi Ch) ha empezado a dormir sólo una siesta al mediodía y se acuesta por la noche hacía las 9.30 (o a veces antes para regocijo del personal). Eso no tendría nada de excepcional ya que tengo entendido que es normal que conforme crecen reduzcan el número de siestas y por la noche tiendan a dormir más horas.

Lo que me ha sorprendido es que, paralelamente a este cambio de Mi Ch, yo he comenzado a exclamar "¡Que maravilla! y no es porque ahora vuelvo a ver la luna desde mi ventana iluminando mi habitación como un foco, no es eso (que anuncia que el cambio de estación astrológica stá cercano). Lo digo por la sensación de paz que se respiran en esos 60 minutos de paz y  tranquilidad que he ganado.

No lo digo de forma voluntaria. En realidad no ha sido hasta ayer que salí por la noche con unas amigas y me di cuenta que no era capaz de acallar ese pensamiento, el cual fui repitiendo durante toda la cena ante la sorpresa del resto de comensales que no acababan de entender mi cara de felicidad absoluta y debían preguntarse si me había tomado alguna sustancia psicotrópica o acababa de salir de una sesión de sexo desenfrenado (o eso lo pensaba solo yo????)

Todo lo cual me lleva a otro tema que hace varios días que me ronda: el bombardeo constante que tenemos de lo que debe ser una "buena madre". Porque nada más darme cuenta de ese exabrupto que había ido repitiendo cada cuatro frases que decía, pensé: "mira que eres mala madre!". Y luego te sale el espíritu crítico y piensas: "Mala madre, de qué, morena? No le cuidas tan bien como sabes, le das cariño, alimento, consuelo, abrigo, lo sacas de paseo, le apoyas en sus pequeños descubrimientos, fomentas su autoestima, no le agobias con normas pero le marcas unas pautas que le ayuden a no sentirse perdido y sin rumbo y, bla, bla, bla... Entonces?"

Veo series como Mad Men ( Betty Draper la "perfecta" señora de Don Draper tan gélida como las mujeres de Alfred Hitchcock y al mismo tiempo tan complejamente volcánica y peligrosa; esa sí que da miedo) y recuerdo a mi madre y las de su generación (las que fueron mamas en los años 60) y ellas en ningún momento tenían esos fantasmas. A los niños se les criaba como una buenamente podía y/o entendía que era lo que había que hacer y punto. Si salía con barba San Antón y si no la Purísima Concepción.

De igual manera que nos han vendido la moto que no somos lo suficientemente delgadas/sexis/jóvenes o cualquier otra cosa (tienes una carrera profesional brillante? ganas lo suficiente? Cuantos idiomas hablas? Tienes pareja? Es un triunfador o solo del montón?...) ahora les hemos comprado otra moto, esta va de que no solo hemos de preservarlos del frío, el hambre y no darles golpes (físicos o psicológicos) que era lo normal; sino reunir un ramillete de cualidades tan extenso y excepcional que es imposible no sentirse un par de veces al día "la peor madre del mundo".

Y lo peor son esas mamas que van por ahí explicando lo encantadas que están con su prole, que solo se separan de ellos por las obligaciones de la vida diaria porque ellas estarían enganchadas a sus nenes las 24 horas y que tooooodo lo hacen con una sonrisa en los labios y una canción en el corazón (o es la revés?) y bla, bla, bla.

Yo me las miró con ojos como platos y pienso (mal pienso) que hay algo que no cuadra y que me están vendiendo una moto (otra más! a este paso voy a tener que poner una tienda) o que ese ser que tengo delante es un extraterrestre con malas intenciones o un robot que suple a la verdadera madre que se ha ido a las Kimbambas aburrida y exhausta de tanto ir detrás de los mocosos y ahora disfruta bajo una palmera de su más que merecido descanso.

Así que me niego a volver a sentirme mala madre cuando diga "Que maravilla". Ea! Ya está dicho!

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